Un humilde corazón cofrade que escribe lo que siente y lo que vive cada Lunes y Viernes Santo.
10 años de Trabajo y Luz y 5 de Soledad. Un corazón dividido en dos, un alma llena de miles de momentos que ellos me regalan día a día y que por supuesto me gustaría compartir con toda aquella persona que le dedique unos minutos a este rincón. Gracias a los que aún me siguen, después de un parón y un cambio radical al blog pasa a ser NO OFICIAL, no quiero dejar morir lo que con tanta ilusión nació y me dio tan buenos momentos.
Para el Lunes Santo
jueves, 27 de septiembre de 2012
Envidia....
Envidia, tengo envidia del aire que acaricia tu cara, de la corneta que guía tus pasos, tengo envidia del aroma que desprende el madero, que aguanta el peso de tu cuerpo castigado por el sufrimiento, envidia del lirio que adorna con tristeza tu calvario. Envidia de la niña, que en brazos de su madre, llora de emoción al verte y sueña con entregarte su alma bajo unas trabajaderas que saben a gloria, tengo envidia del sonido que provoca la suela del zapato, gastada por los años pero que desborda miles de momentos y lo más importarte repleto de experiencia y madurez. Tengo envidia del ciego que aunque no te pueda ver con sus ojos te mira con el alma, tengo envidia del sordo que sin escuchar tu Saeta es capaz de emocionarse sólo con mirar a tu alrededor, tengo envidia de la lluvia que aunque me provoque tristeza tiene el poder de rozar tu piel y permanecer en ella aunque sólo sea un momento, tengo envidia del ignorante que crítica nuestros pasos porque sin saberlo nos hace más grandes, envidia de ese rayito de luz que atraviesa dulcemente la ventana para iluminar tu bendito rostro, envidia de las flores secas y marchitas que reposan en tu altar, que guardan secretos pero que son tan valiosas que les tengo tanta envidia porque sé que se marchitaron con el paso de los días ante ti...
No siempre la envidia desprende odio o dolor, en este caso mi envidia es tan sana y real como reales son los claveles que adornan tu paso cada año. Una envidia que sólo demuestra que por ti Padre, por vivir esto no me importaría ser aire, corneta, ciega, sorda, una niña o incluso ser una ignorante, si aún siendo todo eso sé que me sentimiento hacia ti sería eterno, porque en esta vida no existe una razón que sea lo suficientemente fuerte y grande que impida que me sienta orgullosa cuando digo, " Si, yo soy y seré SIEMPRE Costalera del Cristo del Trabajo"
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